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Archive for 22 noviembre 2013

MiedoSiguiendo con el tema anterior, he encontrado un trozo de texto de una novela de Isaac Rosa titulada “El país del miedo” que me conforta y tranquiliza, ya que el miedo también es necesario en nuestras vidas

Aprendemos a tener miedo. Existe toda una pedagogía que desde el nacimiento nos enseña a qué debemos temer. Hay miedos heredados, claro, inscritos en la información genética tras milenios de evolución, como los polluelos que al salir del cascarón ya saben distinguir el graznido de alerta, o los renacuajos que reconocen y evitan el hábitat de su predador antes de haber sufrido su ataque. En efecto, hay temores que parecen innatos, por ejemplo la oscuridad, un ruido fuerte, una luz cegadora, un rostro furioso que provoca el llanto de un bebé.
Hay otros de transmisión cultural, asimilados, como memes que todos compartimos, que a todos inquietan por igual: ser encerrados, nadar en aguas profundas, ciertos animales de mala reputación, algunos insectos y reptiles, y muchos de los lugares del miedo en la ciudad y en el campo. Hay miedos atávicos, históricos, que acompañan al hombre desde hace milenios. Hay cosas que ya no dan miedo, que lo dieron antes, a generaciones pasadas. Hay miedos nuevos, aunque tan arraigados que parecen haber estado siempre ahí. Pero la mayor parte de nuestros miedos, aquellos que nos acompañarán de por vida, son el resultado de un proceso educativo, los aprendemos.
Tales enseñanzas, que en la infancia tienen un sentido instructivo a modo de lección a seguir, perviven en la edad adulta, adaptadas. La desconfianza ante los desconocidos, el miedo al extraño, al mundo exterior como una amenaza, no desaparece jamás, y las calles oscuras nos devuelven siempre a aquel bosque con lobo, de la misma forma que el último pederasta, el secuestrador de niños, es la enésima reencarnación del ogro que recorre las aldeas raptando chiquillos para luego devorarlos en su cueva.
Según crecemos, la educación del miedo continua, aunque los materiales empleados serán otros: todo tipo de historia reales o ficticias, que escucharemos, leeremos o veremos a lo largo de nuestra vida; noticias, relatos personales, ficciones literarias y cinematográficas, rumores, leyendas o pesadillas, que harán más grande el edificio de nuestro temor, pues cada nuevo ladrillo se coloca sobre los anteriores, los miedos son acumulativos, los viejos nunca desaparecen.

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Mis miedos

MiedosCuando he tenido recaídas de mi enfermedad se me han agudizado los miedos, algunos permanentes, otros puntuales, cíclicos, algunos intensos, otros leves, pero ¿A qué, a quién?
A las noches, a la violencia, a la calle, a los violentos en un lugar destacado, miedo a los resentidos, a los desesperados, a ser madre…
El mío no es un miedo paralizante, no me encierra en casa, no me condiciona la vida, pero se activa ante determinados estímulos, lugares, situaciones, tipos humanos, miradas, comportamientos, noticias o relatos que hacen que mi miedo abandone su habitual condición de rescoldo, de ceniza humeante, y prenda con fuerza, como relámpago unas veces, como llama abrasadora otras.
Y sobre todo, y tal vez esto sea lo peor, el mío es un miedo consciente, propio de quien es capaz de pensar su propio miedo, analizarlo, cuestionarlo incluso y si embargo temo.

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E6DDe tanto descubrirme al final, estoy sufriendo las consecuencias en el servicio donde trabajo junto con otras veintiocho compañeras.
Hace ya tiempo, concretamente a mediados de marzo, llegué allí obligada por una realidad administrativa que nos atañía a muchas profesionales de la sanidad, en el hospital.
Llegué siendo y actuando nerviosa, como siempre… como soy…como me defino y me muestro, de tal manera y pensando que esa forma de ser, sentir y actuar solo me atañía a mí , solo yo sufría las consecuencias asumiendo esa realidad y poniendo los medios para que me afectara lo menos posible.

En el nuevo servicio, las compañeras y las características de la especialidad diagnóstica de esa planta, no requerían del mantenimiento de esa actitud, sino otra más tranquila y sosegada a lo que yo me esforzaba en llevar a la práctica casi sin conseguirlo, pero no fue reconocido mi esfuerzo, ni aceptada mi actitud, ni soportado mi comportamiento por parte de algunas, y que hizo que fuera fuertemente criticada, censurada y rechazada.

A una compañera que coincide conmigo en los días y turnos de trabajo la llegaron a decir que, que mala suerte había tenido al coincidir y tener que trabajar conmigo, que cómo lo llevaba, que cómo lo podía aguantar y soportar.

En un principio no me afecto, no me enfadé, porque creía que en parte tenían un poco de razón al pensar así, ya que era verdad, soy nerviosa, estaba nerviosa por una serie de acontecimientos en mi vida que hicieron que se me destrozara el equilibrio mental, también influyó el que el sitio o servicio del que procedía, la carga y el tipo de trabajo exigían de una velocidad y destreza fuera de lo normal, que yo no pude o no supe cambiar a tiempo, en otra realidad que exigía otro tipo de ritmo más pausado.

Ahora que ya ha pasado un tiempo, poco a poco, voy pudiendo cambiar el chip y me afecta un poco el rechazo de los primeros meses, sobretodo el cambio de trato y relación de un superior general, hacía mí, a raíz de enterarse de mi diagnóstico de enfermedad mental, trato y relación de menos valoración y eso si que me enerva.

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Vestidos extravagantesDespués de tantos días sin escribir, siento tener que hacerlo sobre un tema que me produce estupor, incomprensión y desacuerdo.
Una compañera nuestra ha estado ingresada un tiempito en una planta de agudos de psiquiatría de su hospital de referencia, por una dolencia suya, y cuál ha sido mi sorpresa al enseñarme ella, a la salida el informe de alta que de forma minuciosa y extensa le ha realizado el psiquiatra que le ha atendido en la planta de ese hospital.
Lo que más me ha llamado la atención, entre oras cosas, es un párrafo que dice, dentro del apartado de Exploración Psicopatológica y Evolución, “ Clara megalomanía en sus manifestaciones discursivas, extravagancia máxima en su forma de vestir, buscando imperiosamente una individualización respecto a los pacientes ingresados…” esto me ha suscitado muchas dudas, muchos interrogantes, muchas controversias y desacuerdos.
Lo primero que me sorprende es que no ha especificado con que ejemplos concretos ella ha mantenido esta actitud de “clara megalomanía”, ni siquiera se ha preguntado si la afectada comprende y entiende el significado de esa palabra, para que el haya llegado a la conclusión de esa afirmación.
Por otra parte me gustaría saber a lo que se refiere con “Extravagancia máxima en su forma de vestir” a qué se refiere ¿A las prendas que llevaba puestas el día que ingreso o al pijama y la bata del hospital que son para todos igual? ¿O es que ella las llevaba puestas patas abajo, o qué? Y me digo yo (Y no digo ¡Dios mío! porque no creo, que si no lo tendría que decir como exclamación de estupor, para dejar con esas palabras la palabra que manifieste la intensidad de mi sorpresa).
Y me pregunto de nuevo ¿Esto también es patológico? yo pensaba que lo patológico era lo que no te dejaba interferir de una manera normal en la vida, no sabía yo que el ir vestida una persona como quiere puede o le gusta era un problema y motivo de observación y crítica negativa. Si así fuera habría muchas personas patológicas y que diagnosticar en el mundo.
Y por último En lo que respecta a “Querer buscar de una forma imperiosa una individualización con respecto al resto de los pacientes ingresados” ¿A este Psiquiatra qué le gustaría que todos fuéramos, pensáramos y nos comportáramos igual, ser todos clones? ¿Por qué opina de esto de esta manera? Me gustaría poder hacerle una entrevista.
No sabía yo que era malo querer ser cada uno un ser único, y exclusivo en nuestra personalidad, yo en realidad lo veo como un valor, pero él al observar o poner de forma imperiosa ya lo está problematizando, y a demás como ha llegado a esa conclusión, ¿Está dentro de esa persona para afirmar que lo busca de forma obsesiva, que es querer decir lo mismo?
En fin, como dice una de mis compañeras de trabajo, cuando no comprende una cosa… “Me estoy volviendo loca”… (Es un decir) intentando entender que estas pequeñas pero importantes cosas que ha manifestado el psiquiatra en el informe de alta ¿Por qué las aporta como un problema, como una patología, como algo malo y a lo que hay que medicar y encerrar.
Esto es ¡Alucinante y de locos! al final tendremos que preguntarles cómo tenemos que hablar, vestir y ser, para que a todos nos consideren personas normales, de la masa, y no enfermos mentales también por eso. A ver que son capaces de decir con respecto a esto, a ver qué conceptos tienen y por qué.
Yo si a mí me lo hubiera puesto iría hablar con él para preguntárselo.

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