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Archive for 8/12/10

 

Y mientras el coche policial se dirigía despacio a la comisaría con los dos jóvenes asustados, el resto del grupo se disponía a poner al corriente de lo que había pasado a otros grupos que estaban haciendo lo mismo en otros barrios de la ciudad, a esperar un poco a ver como se desarrollaban las cosas, para ver como actuar, tenían que informar a los padres de la joven de lo que había pasado, ella vivía todavía con ellos, con el chico no había problemas ya que estaba emancipado. ¡Menudo susto y disgusto se iban a llevar!
Ya en comisaría los instalaron a cada uno en un despacho con la intención de proceder a los largos y duros interrogatorios.
Los jóvenes antes de iniciar la buzonada se olvidaron de prepararse una coartada en caso de que ocurriera lo que ocurrió, no vieron peligro en ello y a los policías lo que les interesaba saber era quién, cómo, cuándo y dónde se había organizado todo, ellos sabían que no lo podían decir y tampoco sabían que iba a decir cada uno.
Los interrogatorios se prolongaron por espacio de unas interminables once horas, en las que los agentes entraban, salían y se intercambiaban en los despachos, viniendo y yendo contando a cada uno una historia, diciendo que lo había dicho el otro o inventándose ellos algo, así que los jóvenes a todo decían que si lo había dicho el otro era verdad.
Había un policía secreta que mantenía el papel de bueno, poniéndose en lugar de los detenidos, casi solidarizándose con ellos, pero sabían, aunque no tenían experiencia en casos así, que obedecía a una táctica que pretendía el mismo objetivo, obtener información.
Utilizaban la táctica del chantaje emocional, crear sentimientos de culpabilidad y utilizar lo que más les podía doler, la familia, el disgusto a la familia.
A la chica, a veces, la trataban con dureza y desprecio, humillándola e insultándola, ella como era muy joven estaba poseída de una fuerza y convicción grande sobre sus ideales y la situación en la que se vivía de opresión en el país, y les trasmitía la rebeldía y seguridad en su aptitud y comportamiento. Al chico como era más mayor le culparon haciéndole responsable de utilización e implicación de la chica.
Pero a pesar de todo tuvieron suerte, no los torturaron ni los agredieron.
Cuando les pareció conveniente, los bajaron a los calabozos de comisaria, introduciéndolos en celdas separadas e incomunicadas hasta que lo vieran necesario, antes de llevarlos a disposición judicial de cara a que este determinara su decisión de dejarlos en libertad condicional a la espera de juicio, o dar la orden de arresto en prisión preventiva a la espera de lo mismo.
Antes de eso tendrían que firmar la declaración y los tenían que fichar, realizándoles las fotos y tomándoles las huellas dactilares de rigor.
Los calabozos eran oscuros, fríos y tristes. Constaban de un rectángulo de unos tres metros cuadrados con tan solo una elevación de cemento que hacia las veces de cama y de asiento y una puerta con la típica ventanita a la altura de la cara. Las paredes estaban llenas de inscripciones, dibujos y letras labradas a modo de surcos en el yeso.
Les quitaron los cordones de los zapatos, los filtros de los cigarros, les cachearon la ropa y el cuerpo, para despojarlos de todo objeto.
El guardia que estaba al cargo de los calabozos era un ser repugnante y vicioso, al menos así le pareció a la chica, porque intento hacerle chantaje con la intención de obtener algún favor sexual.
La chica lloraba de tristeza y de miedo, pensaba en el disgusto que tendría la familia por su detención y por el motivo de ella.
Cuando querían beber agua o ir al baño tenían que llamar al guardia a voz en grito para que los ollera.
Le pregunto al guardia porque quitaban el filtro a los cigarros y le informo que con el filtro quemándolo se podían cortar las venas, ya que quemándolo, en caliente, adquiría la consistencia y dureza suficiente de un objeto cortante y punzante.
El segundo día les dieron un bocadillo para alimentarse, los volvieron a subir a las oficinas para que firmaran la declaración, declaración que no coincidía con la realidad y que ellos habían elaborado como habían querido, con lo que se inventaron y con lo que pudieron sacar de ellos, que fue poco.
No se sabe cuando, habían perdido la noción del tiempo, los esposaron de nuevo, les entregaron las pertenencias y los condujeron al juzgado.
Al llegar allí la joven se encontró con sus padres, que habían acudido a verla.
Antes que eso, cuando estaban en comisaria, un par de secretas se personaron en casa de los jóvenes, y de malos modos, con una orden judicial, registraron toda la casa sin compasión ni miramientos, para ver si podían encontrar algo más que los comprometiera o diera algo de luz de cara averiguar su relación con alguna ideología o grupo político.
La joven trato de quitar importancia al asunto para que sus padres se tranquilizaran, que no entendían nada y estaban entre enfadados, preocupados y con miedo.
El juez determino prisión preventiva sin posibilidad de fianza hasta la fecha del juicio y hacia allí los llevaron en una noche fría y oscura de invierno.
Continuara…

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